
Revista Fidélitas ׀ Vol.6 (1) ׀ Enero - Junio 2025 5
Si existen criterios preestablecidos para identicar y diagnosticar patologías psíquicas, siguiendo lo planteado por el autor, es
menester cuestionarse en qué medida se abordan las situaciones de crisis que atraviesan las personas, en la vida social y en la
cotidianidad del ámbito familiar. Las expresiones de malestar subjetivo no son una enfermedad objetiva, pero son patologizadas
y tratadas con medicamentos.
El paradigma de la psiquiatría pretende decodicar de manera obsesiva lo real, es decir, lo que no se puede pensar, imaginar o
representar porque no pasa por lo simbólico. Lo real es sin ley y no puede entrar en la realidad, en la medida que se dene la
realidad como el campo de la representación imaginario-simbólica (Lacan, 2024; Neffen, 2022; Rabinovich, 2015).
La psiquiatría es un discurso de la ciencia que en la actualidad posee el monopolio del saber y poder en el sistema de atención
de salud mental; obviando al sujeto divido planteado por el psicoanálisis y la clínica del detalle.
Por consiguiente, el modelo de atención en salud mental para el abordaje del sufrimiento psíquico ha sido inuenciado por
prácticas propias del modelo médico hegemónico, fundamentado en el paradigma biologicista y positivista tanto de la psiquiatría
como de la psicología. Modelos de tratamientos que se repiten en cada persona que llega en busca de atención, dejando en un
segundo plano la dimensión de la subjetividad y asumiendo la singularidad en una entidad general (Karothy,2021; Neffen, 2022;
Quinet, 2022).
Como reeren algunos autores, se continúa utilizando el término “enfermedad mental”, concepto que deriva de la psiquiatría,
desde dicho paradigma se conceptualiza el sufrimiento psíquico como causa del sujeto mismo en relación con etiologías
orgánicas; desconsiderando las variables, culturales, sociales, vinculares y de constitución subjetiva. El sujeto y la subjetividad
se piensan como equivalentes al cerebro y sus tratamientos son abordados con fármacos (Neffen, 2022; Quinet, 2022).
El diagnóstico en psicoanálisis en lugar de tender a duplicar aún más las numerosas categorías del ámbito de la psicología y la
psiquiatría agrupando los síntomas en trastornos, permite indicar la posición que el terapeuta debe ocupar en la transferencia.
Es decir, indica que ciertos objetivos y técnicas utilizados con los neuróticos son inaplicables con los psicóticos porque pueden
desencadenar una psicosis. El diagnóstico desde este paradigma es relevante para situarse correctamente ante la transferencia y
realizar intervenciones adecuadas (Fink, 2007; Neffen, 2022).
Desde el paradigma psicoanalítico el agente de la salud mental aloja la subjetividad de sus pacientes, escucha el síntoma como
una manifestación del sujeto y se ocupa de tres situaciones; la relación del sujeto con el Otro con mayúscula que nos constituye,
la relación con el semejante y la relación con el objeto de goce (Fink, 2007; Karothy, 2022).
Por lo tanto, el psicoanálisis contrario a la psiquiatría sostiene una ética de la dimensión del sujeto en el signicante. Conforme
el sujeto se sitúa y se constituye en relación con el signicante se produce en él esa ruptura, esa división, a nivel de la cual
se ubica la tensión del deseo (Lacan, 2013). Como lo arma Pulice, “El sujeto, en tanto lenguaje es sujeto dividido. Y esa
división subjetiva, inconsciente y estructural nos diferencia” (Pulice, 2016, p. 28). Es decir, el psicoanálisis, permite pensar en
la existencia de una diferencia estructural subjetiva. El ser humano, como ser humano, es un sujeto del inconsciente. Lo que
propone el psicoanálisis, en especial el desarrollo lacaniano, es la problemática del deseo. Al respecto, Silvia Amigo considera
a su juicio, que el único discurso no oscurantista capaz de objetar ecazmente la ilusión totalizante del discurso de la ciencia es
el psicoanálisis (Amigo, 2019).
No obstante, el analista debe ubicarse como causa real del deseo del analizante, en otras palabras, como semblante del objeto “a”
en la transferencia. De un modo menos formal no está allí a título personal, sus sentimientos, deseos e intereses se excluyen del
dispositivo y su acción tiende únicamente a provocar la elaboración de un saber. De igual manera, no demanda el imposible de
la felicidad, querer el bien del sujeto, pretender curar y patologizar. Para Quinet es necesaria una ética del deseo y la gestación de
la libido. El deseo del analista es un deseo de sujeto; un deseo de que el sujeto pueda existir (Flesler, 2016; Lacan, 2013; Neffen,
2021; Quinet, 2022).
En relación con lo expuesto, esta práctica supervisada constituye un replanteamiento del modelo de atención y tratamientos
tradicionales, como alternativa al modelo psiquiátrico tradicional y al de la psicología positivista. De modo que permita inscribir,
en este contexto, el Acompañamiento Terapéutico como nueva herramienta en el abordaje del sufrimiento subjetivo de los niños,
niñas y adolescentes que asisten a las casas de Fundación Fundamentes en Pavas. Un lugar para alojar el malestar singular y
proponer un lazo social que se vaya inscribiendo como propio en la construcción vincular.
Fundación Fundamentes aborda poblaciones excluidas y marginadas con diferentes situaciones de sufrimiento psíquico. La
intervención pretende realizarse desde una perspectiva psicoanalítica, teniendo en cuenta elementos como la transferencia,
contratransferencia y los tres registros de la teoría lacaniana (R, S, I); articulando estos registros en tres ejes, clínico, educativo
y artístico, con el objetivo de mantener ese nudo borromeo anudado. De tal modo que la implementación del dispositivo