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Revista Fidélitas/ Vol. 6 (1) / Enero – Junio 2025
1. Introducción
La psiquiatría surge como rama científica del cuerpo médico en el siglo XIX, es decir, hace más de dos
siglos permitió al saber médico, construir sus primeros cuadros nosográficos de referencia. Desde entonces
las clasificaciones psicopatológicas han variado conforme cambia la época. Para Neffen, “El DSM- V, es
el último retoño de una clínica despojada de sus fundamentos más elementales, supone el cénit de una
mirada que se eclipsa tras el fenómeno en detrimento de su dinamismo estructural” (Neffen, 2022, p.175).
Si existen criterios preestablecidos para identificar y diagnosticar patologías psíquicas, siguiendo lo
planteado por el autor, es menester cuestionarse en qué medida se abordan las situaciones de crisis que
atraviesan las personas, en la vida social y en la cotidianidad del ámbito familiar. Las expresiones de
malestar subjetivo no son una enfermedad objetiva, pero son patologizadas y tratadas con medicamentos.
El paradigma de la psiquiatría pretende decodificar de manera obsesiva lo real, es decir, lo que no se puede
pensar, imaginar o representar porque no pasa por lo simbólico. Lo real es sin ley y no puede entrar en la
realidad, en la medida que se define la realidad como el campo de la representación imaginario-simbólica
(Lacan, 2024; Neffen, 2022; Rabinovich, 2015).
La psiquiatría es un discurso de la ciencia que en la actualidad posee el monopolio del saber y poder en el
sistema de atención de salud mental; obviando al sujeto divido planteado por el psicoanálisis y la clínica
del detalle.
Por consiguiente, el modelo de atención en salud mental para el abordaje del sufrimiento psíquico ha sido
influenciado por prácticas propias del modelo médico hegemónico, fundamentado en el paradigma
biologicista y positivista tanto de la psiquiatría como de la psicología. Modelos de tratamientos que se
repiten en cada persona que llega en busca de atención, dejando en un segundo plano la dimensión de la
subjetividad y asumiendo la singularidad en una entidad general (Karothy,2021; Neffen, 2022; Quinet,
2022).
Como refieren algunos autores, se continúa utilizando el término “enfermedad mental”, concepto que deriva
de la psiquiatría, desde dicho paradigma se conceptualiza el sufrimiento psíquico como causa del sujeto
mismo en relación con etiologías orgánicas; desconsiderando las variables, culturales, sociales, vinculares
y de constitución subjetiva. El sujeto y la subjetividad se piensan como equivalentes al cerebro y sus
tratamientos son abordados con fármacos (Neffen, 2022; Quinet, 2022).
El diagnóstico en psicoanálisis en lugar de tender a duplicar aún más las numerosas categorías del ámbito
de la psicología y la psiquiatría agrupando los síntomas en trastornos, permite indicar la posición que el
terapeuta debe ocupar en la transferencia. Es decir, indica que ciertos objetivos y técnicas utilizados con
los neuróticos son inaplicables con los psicóticos porque pueden desencadenar una psicosis. El diagnóstico
desde este paradigma es relevante para situarse correctamente ante la transferencia y realizar intervenciones
adecuadas (Fink, 2007; Neffen, 2022).
Desde el paradigma psicoanalítico el agente de la salud mental aloja la subjetividad de sus pacientes,
escucha el síntoma como una manifestación del sujeto y se ocupa de tres situaciones; la relación del sujeto
con el Otro con mayúscula que nos constituye, la relación con el semejante y la relación con el objeto de
goce (Fink, 2007; Karothy, 2022).
Por lo tanto, el psicoanálisis contrario a la psiquiatría sostiene una ética de la dimensión del sujeto en el
significante. Conforme el sujeto se sitúa y se constituye en relación con el significante se produce en él esa
ruptura, esa división, a nivel de la cual se ubica la tensión del deseo (Lacan, 2013). Como lo afirma Pulice,
“El sujeto, en tanto lenguaje es sujeto dividido. Y esa división subjetiva, inconsciente y estructural nos
diferencia” (Pulice, 2016, p. 28). Es decir, el psicoanálisis, permite pensar en la existencia de una diferencia
estructural subjetiva. El ser humano, como ser humano, es un sujeto del inconsciente. Lo que propone el
psicoanálisis, en especial el desarrollo lacaniano, es la problemática del deseo. Al respecto, Silvia Amigo
considera a su juicio, que el único discurso no oscurantista capaz de objetar eficazmente la ilusión
totalizante del discurso de la ciencia es el psicoanálisis (Amigo, 2019).
No obstante, el analista debe ubicarse como causa real del deseo del analizante, en otras palabras, como
semblante del objeto “a” en la transferencia. De un modo menos formal no está allí a título personal, sus
sentimientos, deseos e intereses se excluyen del dispositivo y su acción tiende únicamente a provocar la