
R e v i s t a F i d é l i t a s ׀ Vo l . 7 ( 2 ) ׀ J u l i o - D i c i e m b r e 2 0 2 6 86
Este estudio, fue de tipo documental y tuvo como principal objetivo señalar la “necesidad de desarrollar enfoques multidisciplinares
que permitan abordar la complejidad y la ambigüedad que afecta a esta emoción desde distintos puntos de vista” (Hoyos, 2024, p.3).
Es de resaltar que, en el artículo consultado la ira ha estado asociada históricamente a los procesos de cambio social y político; la
emoción de la ira antecede a los movimientos de cambio en pro de la justicia social, pero también es la provocadora de muchos de
los conictos más complejos en el mismo ámbito de la política.
Desde el punto de vista del género, hace una aportación interesante al citar a Harrison (2024, como se cita en Hoyos, 2024), quien
indica que, a la mujer, en la antigüedad, se le atribuía la ira, pero al mismo tiempo era deslegitimada. Este pasado ha causado la
apropiación de esta emoción por parte de los movimientos feministas como parte de su identidad.
Por otra parte, un estudio realizado por Gallego-Villa et al. (2025) tuvo como objetivo “describir las dicultades de regulación de la
ira en adultos jóvenes (...) e identicar la relación entre sus manifestaciones de ira y agresión y algunos indicadores de inexibilidad
psicológica” (p.1). Dicho estudio contó con una muestra de 222 jóvenes entre los 18 y los 30 años, todos colombianos, en su mayoría
sin antecedentes penales, dedicados únicamente al estudio y con un ingreso económico mensual menor al salario mínimo establecido
en Colombia. Además, dichas personas reportaron tener dicultades de regulación de la ira. La investigación, con el n de realizar
la correlación entre ira, agresividad y los indicadores de inexibilidad psicológica, utilizaron escalas como STAXI 2 (State-Trait
Anger Expression 2), AQ (Agression Questionarie), AAQ II (Acceptance and Action Questionnaire II), CFQ (Cognitive Fusion
Quiestionnaire) y VQ (Values Questionnaire).
Parte de la indagación que se realizó en dicha investigación consistió en averiguar qué tan expuestas a diferentes tipos de violencia
han estado las personas encuestadas (como testigos, víctimas o ambos). Los resultados indicaron que la mayor exposición ha sido a
la violencia psicológica; con el 67.5% durante la infancia, el 77.4% durante la adolescencia y el 61.3% durante la adultez. Además,
fue posible identicar tres tipos de efectos comunes relacionados con los episodios de ira entre las personas participantes: malestar
personal y emocional (84.2%), problemas en las relaciones interpersonales (69.3%) y complicaciones en el afrontamiento de
situaciones difíciles (61.2%). Un dato interesante es que, la percepción que tienen las personas encuestadas sobre sus episodios de ira,
no son relevantes en cuanto a duración, o sea, consideran que otras personas también tienen estos episodios con la misma frecuencia
y duración, pero que, lo que les diferencia, es la intensidad.
También, el estudio de Kersten y Greitemeyer (2024) se enfocó en probar empíricamente el Modelo General de Agresión (GAM por
sus siglas en inglés) creado para explicar la naturaleza compleja de la agresión en diferentes contextos. Los autores utilizaron el GAM
para probar cómo la agresión cotidiana es inuida por factores personales, situacionales y la interacción entre estos. Fue realizado
en una universidad austriaca entre 2021 y 2023. La muestra consistió en 403 personas, de ellos 264 fueron mujeres, 135 hombres y
4 no-binarios; con el 70.3% del total siendo estudiantes. Se utilizó un cuestionario inicial de personalidad, seguido de un periodo de
dos semanas en donde debían responder tres cuestionarios diarios en la mañana, tarde y noche.
Continuando, es de resaltar el impacto de los factores situacionales (interpersonales, intrapersonales y ambientales), esto se relaciona
con lo encontrado en el estudio de Kersten y Greitemeyer (2024). Se conrmó que los tres tipos de desencadenantes se relacionan
positivamente con los estados internos agresivos y el comportamiento agresivo. Encontraron además que el estado interno agresivo es
el factor primordial que inuye en el comportamiento agresivo. Los efectos de los factores situacionales y los rasgos antagonistas se
reducen o dejan de ser signicativos cuando se agrega el estado interno agresivo como factor. Es decir, la expresión agresiva ocurre
principalmente si la persona internamente se siente agresiva, independientemente de los factores situacionales.
Por otro lado, en lo referente a la agresividad en carretera, son en mayoría los estudios que muestran la importancia de prestar
atención a este tema con el n de disminuir los accidentes de tránsito y la violencia; buscan relacionar los episodios de ira o la
tendencia a esta emoción por parte de aquellas personas que conducen.
Un ejemplo de esto fue la investigación realizada por Hidalgo (2023), cuyo objetivo fue “analizar la inuencia de los factores de
personalidad pertenecientes a los Cinco Grandes y a la Tríada Oscura en la conducción agresiva” (p.190). Este trabajo investigativo
se ubicó en España y contó con una muestra de 318 jóvenes —en su mayoría mujeres—, entre los 19 y 27 años, elegidos de manera
incidental; todos con su permiso de conducir vigente. Utilizaron la adaptación española del Ten-Item Personality Inventory (TIPI)
para medir los cinco grandes factores de personalidad (extraversión, afabilidad, responsabilidad, estabilidad emocional y apertura
a la experiencia), la escala Dirty Dozen (DD), también en su versión española, para medir la triada oscura, o sea maquiavelismo,
narcisismo y psicopatía. Por último, las escalas Driving Anger Expression Inventory (DAX) y Driving Anger Scale (en su versión
escala reducida aprobada en España), cuya función es evaluar la frecuencia de diferentes expresiones de ira en el momento de
conducir y la tendencia a la ira durante la conducción respectivamente (Hidalgo, 2023).
Dentro de los resultados obtenidos por esta investigación, se indicó que existe relación entre la conducción agresiva y ciertos rasgos
de la personalidad. Así pues, uno de los datos que resaltó más fue, “la tendencia a sufrir ira durante la conducción (DAS) mantiene
relaciones negativas (p < .01) con los factores de afabilidad, estabilidad emocional y apertura a la experiencia” (Hidalgo, 2023, p.